A veces, uno siente que tiene el privilegio de poder dar voz a personas que padecen problemas que, por lo general, muy pocos comprenden. Sobre todo, cuando se trata de enfermedades raras para las que ni los propios profesionales se ven capacitados de explicar sus causas y sienten, además, la impotencia de no poder poner fin a aquello que hace sufrir a un determinado grupo de personas. Por ello, el deber de quienes dedican su vida a informar y de empresas de salud como la nuestra es ser parte de ese movimiento que permita a la sociedad estar más concienciada y ser mucho más comprensiva con aquellos que tienen que convivir junto con ciertas molestias y dificultades que, sin ser ellos culpables, les acaban afectando a su salud tanto física como psicológica y al bienestar de sus relaciones personales.

Por esta razón escribimos y publicamos este blog sobre la Enfermedad Inflamatoria Intestinal. Por la misma que cada 19 de mayo desde 2016 los edificios y monumentos más emblemáticos del mundo como el Coliseo Romano, La Sirenita de Copenhague o las Cataratas del Niágara entre otros, así como 25 edificios de toda España se visten bajo una intensa luz morada en honor al Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal para iluminar y hacer visible las dos patologías que engloba: la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Aunque existen diferencias clínicas entre ambas sí que es verdad que por lo general sus síntomas son bastante similares y pueden afectar gravemente en la vida del paciente. La principal de sus diferencias, sin embargo, la encontramos en la localización, es decir, en la zona afectada.

Mientras que la colitis ulcerosa se caracteriza por lesiones inflamatorias en la capa más interior de la pared intestinal del intestino grueso –más concretamente en la parte del colón que va desde el ano hasta el recto-, la enfermedad de Crohn puede afectar a cualquier parte de la pared intestinal que va desde la boca hasta el ano. Sí que es cierto, sin embargo, que suele aparecer con más frecuencia entre el final del intestino delgado y el principio del colon, inflamando desde la capa más interna como la mucosa hasta los tejidos que recubren el órgano. Pese a esto, como hemos dicho anteriormente, tanto sus características principales como sus síntomas y tratamiento son bastante similares. Ambas son inmunomediadas -que hace referencia a que existe algún fallo en el sistema inmune-, inflamatorias y crónicas, lo que quiere decir que no tienen cura conocida.

Los síntomas de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal evolucionan en brotes, por lo que existen fases activas y fases inactivas en las que, durante estos periodos, los síntomas remiten. Ambas alteran la capacidad que tiene el organismo de digerir los alimentos y absorber los nutrientes. Algunos de los más comunes son la diarrea, la sangre en las heces, el cansancio, el dolor abdominal, la pérdida de apetito, la pérdida de peso y la fiebre. Pero no solo presenta problemas físicos, también puede afectar psicológicamente al paciente en sus vida social, tanto laboral como íntima, y repercutir en su estado anímico hasta el punto de que aumenta por dos las posibilidades de acabar desarrollando algún trastorno depresivo. Pese a que, como bien hemos comentado, no tiene cura definitiva, sí que se pueden tener en cuenta algunas claves para mejorar la calidad de vida de estos pacientes:

  1. Afrontar la enfermedad como un reto y aprender a convivir con ella.
  2. No estar excesivamente pendiente, ni olvidarse de ella.
  3. Acudir siempre a información veraz y contrastada para superar miedos.
  4. Búsqueda de una atención médica especializada.
  5. Una dieta equilibrada, ejercicio físico y fuera malos hábitos.
  6. Participación e interés por las decisiones terapéuticas.
  7. Cumplir con el tratamiento establecido para que sea efectivo.
  8. Un entorno que facilite el tratamiento y seguimiento sin exclusión.
  9. Fomentar la confianza y la comunicación médico-paciente.
  10. Apostar por la investigación biomédica para un control más eficaz y seguro.