Primero debes saber qué es una fístula anal

Una fístula es un túnel, un conducto que se origina en una glándula inflamada del interior del recto y que acaba abriéndose paso hasta una abertura exterior situada cerca del ano.

Las fístulas suelen ser el resultado de un absceso anal anterior que no llegó a curarse correctamente. Debido a su ubicación y a los síntomas que producen, muchas de las curas existentes hoy día para las hemorroides son también válidas para esta molesta afección.

Síntomas frecuentes

La fístula anal, al igual que el absceso perianal, es un trastorno que produce un dolor constante e intenso (no relacionado necesariamente con la evacuación intestinal).

La piel que rodea el ano se enrojece e irrita, siendo a veces necesaria la aplicación de aceites vegetales, como el aceite de ozono. La abertura de la fístula secreta pus y a veces sangre, provocando malestar general y fiebre alta.

Diagnóstico avanzado de las fístulas anales

Para recomendar un tratamiento eficaz, primero el especialista tendrá que conocer el recorrido completo de la fístula y el tipo al que pertenece:

Fístulas externas

Son aberturas cercanas al ano donde la piel está enrojecida e inflamada y puede haber pus y sangre. Al encontrarse en una zona superficial y visible, el especialista solo tendrá que separar un poco las nalgas para realizar un diagnóstico preciso.

Fístulas internas

Por el contrario, el diagnóstico de las fístulas internas es más complicado. Al encontrarse en la parte alta del recto solo es posible localizarlas mediante el uso de técnicas más avanzadas:

  • Resonancia magnética: realiza un «mapa» del trayecto de la fístula y reproduce imágenes muy precisas de la musculatura anal y de otras estructuras del suelo pélvico.
  • Ecografía endoscópica: utiliza ondas de sonido de alta frecuencia para localizar la ubicación exacta de la fístula con respecto a los músculos anales (esfínteres) y los tejidos circundantes.
  • Fistulografía: técnica que consiste en inyectar una solución de contraste para después radiografiar la fístula.
  • Sonda: instrumento diseñado especialmente para su inserción en una fístula.
  • Anoscopio: un tipo de endoscopio que se utiliza para visualizar el interior del canal anal e identificar posibles anomalías.
  • Sigmoidoscopia flexible: procedimiento utilizado para descartar otras enfermedades inflamatorias del intestino, como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.

Tratamientos eficaces para eliminar las fístulas anales

La cirugía es la solución más eficaz para eliminar las fístulas anales. Suelen ser técnicas quirúrgicas relativamente simples, pero no están exentas de complicaciones ya que implican la sección de una pequeña porción del esfínter:

  • Fistulotomía: abertura de todo el trayecto de la fístula, desde el orificio interno al externo. Es la técnica más utilizada porque el riesgo de provocar incontinencia tras la intervención es mínimo.
  • Colocación de un sedal: se utiliza sobre todo en fístulas infectadas. El sedal se utiliza a modo de drenaje para controlar la infección y la inflamación, pero no curará la fístula.
  • Ligadura del trayecto de las fístulas interesfinterianas (LIFT): consiste en realizar una pequeña incisión por debajo de la fístula, donde su trayecto atraviesa la zona comprendida entre el esfínter interno y el externo. Después de abrir e identificar el trayecto de la fístula, la herida se liga mediante una sutura. Esta técnica no requiere seccionar el esfínter, pero sí necesita una importante disección de tejido.
  • Colgajo endoanal: procedimiento mediante el cual se limpia el trayecto de la fístula y se utiliza una porción de piel para cubrir la herida.
  • Cola de fibrina: mezcla soluble que se inyecta en la fístula anal y sella su trayecto. Esta es una técnica muy sencilla y no invasiva, por lo que permite reanudar la actividad normal antes que la cirugía.

Posoperatorio

Dependiendo de la técnica que se haya utilizado, el especialista recomendará un tipo de posoperatorio específico, pero por norma general, suele consistir en las soluciones siguientes:

  • Seguir un reposo relativo los primeros días posteriores a la intervención.
  • Toma de analgésicos en caso de dolor.
  • Evitar el estreñimiento con laxantes.
  • Mantener una higiene correcta y cambiar con frecuencia las gasas estériles que cubren la herida.

Cada procedimiento es diferente y los resultados pueden variar de una persona a otra. Cuando visites al especialista tendrás que proporcionar información sobre tus síntomas y antecedentes. Basándose en los datos disponibles, el facultativo te recomendará el tratamiento o intervención más adecuada para tu caso.

Es muy importante que analices bien las distintas opciones que te ofrezca tu médico y no tengas miedo a preguntar. Antes de someterte a cualquier intervención quirúrgica es fundamental que entiendas bien las consecuencias.

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