¿Cómo son las hemorroides?

Desde el punto de vista anatómico, son una especie de almohadillas formadas a partir del tejido mucoso que alberga los vasos sanguíneos del conducto anal. En teoría, todos tenemos hemorroides (se estima que más del 50 % de las personas mayores de 30 años las padecen), pero solo se convierten en una enfermedad cuando se dilatan y acaban por producir sangrado, dolor, picor, escozor o incluso la interrupción del flujo de sangre de los vasos sanguíneos del recto. El diagnóstico de las hemorroides es fundamental para poder frenar a tiempo su posible cronificación.

¿Cuántos tipos de hemorroides hay?

Hay detectados tres tipos de hemorroides cuya clasificación depende de su ubicación dentro del recto:

Hemorroides internas: las venas afectadas se encuentran en la zona baja del recto y están recubiertas por la mucosa rectal. Dependiendo de si hay o no prolapso, o salida al exterior, se clasifican en cuatro grados:

  • Grado 1: formaciones iniciales sin prolapso.
  • Grado 2: principio de prolapso exterior al hacer esfuerzos durante las deposiciones. El prolapso se reintroduce en el ano de forma espontánea.
  • Grado 3: prolapso externo al hacer las deposiciones. Se reintroduce con ayuda manual.
  • Grado 4: prolapso externo permanente. Su reintroducción en el ano es complicada y normalmente se vuelven a reproducir.

Hemorroides externas: las venas se localizan debajo de la unión del ano con el recto y están cubiertas por el epitelio escamoso. Cuando se complican pueden provocar picor, dolor intenso, bultos anales e incluso dar paso a la aparición de coágulos de sangre o hemorroides trombosadas.

¿Por qué se forman las hemorroides?

Entre las causas relacionadas con la aparición de las hemorroides, tenemos las siguientes:

  • Los antecedentes familiares.
  • La postura (estar mucho tiempo de pie o sentado).
  • El embarazo avanzado.
  • Los estrógenos que se producen durante la menstruación.
  • El exceso de grasa abdominal y su presión sobre las venas de la zona anal.
  • La descomposición intestinal.

Sin embargo, el motivo «estrella» de esta molesta afección es sin duda la constipación de vientre y el esfuerzo excesivo que conlleva a la hora de evacuar. Cambios en la dieta, estrés, falta de ejercicio físico, no beber suficiente líquido o una dieta baja en fibra son algunas de las causas del estreñimiento. Es importante tomar medidas para evitar este trastorno del ritmo deposicional, ya que el endurecimiento excesivo de las heces pueden acabar causando heridas de considerable importancia en el conducto rectal.

Diagnóstico de las hemorroides

Síntomas como dolor, sangrado y picor al evacuar indican que se puede estar padeciendo un síndrome hemorroidal y que la ayuda de un médico especializado es necesaria.

A la hora de acudir a consulta y exponer los diferentes síntomas al especialista, este iniciará un protocolo de pruebas con el fin de intentar diagnosticar el tipo de hemorroides que padecemos y establecer el tratamiento que mejor se adecúe a las circunstancias.

El primer paso suele ser una exploración visual y manual. A simple vista, el especialista podrá comprobar la presencia de hemorroides externas y de hemorroides internas prolapsadas, es decir, aquellas que han salido al exterior y que pueden necesitar de intervención para poder ser reintroducidas en el recto. En esta primera exploración, el especialista también podrá determinar la presencia de bultos morados y muy dolorosos que serán una señal muy clara de estar padeciendo hemorroides trombosadas.

Cuando el paciente sufre todos los síntomas, pero visualmente no se puede constatar la presencia de las hemorroides, el especialista recurrirá, o aconsejará recurrir, a la realización de una retoscopia, una prueba endoscópica que permite la visualización directa de la mucosa intestinal y que suele realizarse bajo sedación suave para evitar molestias. Este procedimiento permitirá detectar la presencia de hemorroides internas, atajar sus posibles complicaciones y aplicar un tratamiento eficaz que ayude en su cicatrización y eliminación.

Además de estas dos técnicas de diagnóstico, existe una tercera que se suele utilizar cuando el único síntoma que sufre el paciente es el sangrado a la hora de evacuar. En estos casos, se plantea siempre la duda de que pueda haber detrás un problema de mayor envergadura, como tumores, divertículos o pólipos. Para descartar esa posibilidad, el especialista recomendará la realización de una colonoscopia, una prueba algo molesta, pero necesaria para diagnosticar y tratar las enfermedades del intestino grueso.

¿Cómo se curan las hemorroides?

Debido a la gran cantidad de personas que las padecen, existen multitud de remedios para tratar y eliminar las hemorroides. Entre los más habituales tenemos la aplicación de hielo en la zona afectada para aliviar el dolor, el picor y la inflamación o la ingesta de analgésicos por vía oral. La aplicación de pomadas antinflamatorias y el uso de toallitas higiénicas son también muy eficaces. Por último, tenemos los llamados «baños de asiento», que consisten en sumergir, durante 10 o 15 minutos, la zona afectada en agua tibia o fresca mezclada con infusiones de plantas medicinales.

Otra forma de aprovechar los beneficios de las plantas medicinales para reducir las molestias de las hemorroides es bebiendo infusiones de hamamelis, muy eficaz con los problemas circulatorios,  o tomando las cápsulas de castaño de indias de Arkopharma, conocidas por su acción vasoprotectora y antinflamatoria.

Es muy importante recordar que, a pesar de ser una dolencia generalizada y de existir muchos tratamientos para su alivio, las hemorroides deben contar con el diagnóstico de un especialista. Él será quien determine el tipo y gravedad del problema y quien establezca una serie de directrices para su tratamiento y eliminación.

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