Sí señores, la barba se ha convertido en un complemento de moda más y en una parte determinante del look del hombre actual. De nuevo es común toparse por la calle con frondosas barbas y bigotes. Si bien el vello facial pasó hace más bien poco una época en la que no ha estado muy bien visto, hoy es típico ver como presidentes, reyes, artistas y todo tipo de personas lo cuidan y miman con productos para darle más brillo, color y suavidad. Echando un vistazo atrás, sin embargo, uno se encuentra con la paradoja de que la verdadera historia del cuidado de la barba debe situarse en el momento en el que el hombre comienza a afeitarse, algo que se remonta nada más y nada menos que a la Edad de Piedra, hace más de 2,5 millones de años.

Desde entonces, son tantos los cambios que ha experimentado y tanto estilos de barba han existido como épocas en las que la humanidad y sus distintas costumbres y culturas han estado presentes. En Mesopotamia, por ejemplo, los hombres solían lucir grandes barbas que eran consideradas un signo de estatus y respetabilidad, por lo que las cuidaban con esmero, con lociones para que estas fueran más suaves y voluminosas, adornándolas y rizándolas. Tanto en Grecia como en Roma la barba fue durante muchos años símbolo de sabiduría, madurez, virilidad y valentía, de hecho, uno de los castigos que se imponía a los espartanos que mostraban cobardía era  afeitarles la barba como signo de vergüenza. Fue Alejandro Magno quien ordenó a sus soldados ir afeitados para impedir a los enemigos que les agarrasen de las barbas durante la batalla. En Roma, por el contrario, fue hacia el año 296 a.C cuando aparecería la primera figura del tonsor, el  barbero/peluquero de la época. Como todo en este mundo, la tendencia ha ido variando en dependencia del momento y el lugar.

A partir del siglo VIII, las barbas comenzaron a verse como símbolos representativos de religiones paganas en todo occidente, por lo que eran consideradas motivo de excomunión. Incluso en el siglo XVIII, el zar ruso Pedro el Grande comenzó a cobrar un impuesto a todos aquellos que llevasen barba con el firme propósito de conseguir que su población pareciera más europea. Durante el siglo XIX y principios del XX, esta no pasó su mejor momento. El cuidado de la barba se limitaba al rasurado total, dejando, como máximo, asomar algún fino y bien perfilado bigote. Ya lo los 60 el movimiento hippie lo haría resurgir con fuerza, pero la posmodernidad, la cercanía del nuevo siglo y los avances tecnológicos cambiaron de nuevo la tendencia social. Actualmente, vivimos en una nueva época dorada de los barbudos. Solo que ahora, en vez de valentía en la batalla, hablamos de modas y tendencias. Un complemento que aporta tanto o más carácter que un buen peinado. Por tanto, es necesario mimarlo y cuidarlo como es debido para sacarle el máximo rendimiento a nuestro look.

  1. Busca la imagen que mejor le siente a tu rostro. Hay tantos tipos de barba como puedas imaginar: largas, muy largas, de dos días, degradada desde la patilla hasta el mentón, etc., así que el primer paso es saber cuál se asemeja más a tu estilo y aprender cómo y por qué es importante cuidarla y mimarla. Hay que tener en cuenta que la barba influye tanto en el peinado como en la ropa que vistas. Dicen que solo se tiene una oportunidad de causar buena impresión y en esto, queramos o no, la imagen ocupa un papel fundamental en la sociedad actual. Ella es el reflejo de nuestra personalidad y carácter, y esta es a su vez la forma en la que entendemos, vemos y nos relacionamos con el mundo.
  2. Aprende a lavar la barba. A lo largo del día la barba, igual que el pelo de la cabeza, se ensucia y puede perder suavidad y las condiciones climatológicas como el frío pueden hacer que la piel de debajo sufra y se seque. Lo primero que se debe aprender es que el pelo de la barba es más grueso y rizado y la piel de la barbilla no es como la del cuero cabelludo, por lo que necesita cuidados diferentes. Es necesario usar un shampoo para barba que respete los aceites naturales esenciales para su crecimiento, fortaleza y brillo, por lo que tampoco es bueno lavarla con demasiada frecuencia. También es importante secarla correctamente para evitar que el agua que queda entre los pelos irrite la piel. Lo mejor es usar el secador a temperatura media.
  3. Hidratar la barba. Emplear aceites, bálsamos y ceras como los de Proraso, disponibles en nuestra parafarmacia online, formulados con productos naturales y que tienen su base en aceites esenciales beneficiosos para la piel y el pelo. La mayor parte de ellos suelen estar compuestos por el aceite de jojoba, que regula el nivel de grasa e hidrata el cabello, suavizándolo y dándole brillo. Será suficiente con verter un par de gotas en la palma de la mano, dependiendo del volumen de la barba, frotar y repartirlas en las dos manos e hincar los dedos empezando desde abajo para llegar hasta la piel y subir poco a poco para impregnar cada pelo. Si por el contrario buscas un efecto mate, lo mejor será utilizar las ceras de calor.
  4. El cuidado de la barba también incluye peinarla. Lo mejor será hacerlo justo después de la hidratación, que facilitan la tarea de desenredar los nudos para evitar tirones y pelos rotos. Se debe de evitar hacerlo justo después de salir de la ducha o del secado, puesto que tanto el agua como el calor vuelven al pelo más vulnerable, por lo que se corre el riesgo de arrancarlo. Por otro lado, el peine es un elemento importantísimo. No sirve cualquiera, sino que el tamaño y la distancia entre los dientes debe ser la adecuada al tamaño y densidad de cada barba para obtener el máximo beneficio. Evitar los peines de plástico que suelen tener bordes afilados. Se deben buscar aquellos cepillos hechos y pulidos a mano.

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