Como cada 14 de marzo desde 2005, se celebra el Día Europeo de Prevención del Riesgo Cardiovascular, cuya misión principal es concienciar a la población de la importancia y el peligro que suponen las enfermedades relacionadas con el corazón y, sobre todo, la capacidad que todos tenemos de influir directamente sobre los principales factores de riesgo implicados en su desarrollo. Sin ánimo de caer en el sensacionalismo, es una realidad que las enfermedades cardiovasculares se han situado muy a la cabeza de las principales causas de mortalidad cada año en los países desarrollados. Actualmente, el 33% de las defunciones que se producen en el mundo están relacionadas con el corazón y derivadas de problemas relacionados con la obesidad, el sedentarismo, la diabetes sin control, el aumento del colesterol, la mala alimentación, el alcohol, el tabaco o las drogas.

Según la Organización Mundial de la Salud, se calcula que un 80% de las muertes prematuras que ocasiona este conjunto de enfermedades se podrían evitar siguiendo un estilo de vida más saludable que conlleve al menos la reducción de estos factores de riesgo. Sin embargo, los datos reflejan otra cosa. En vez de existir una mayor concienciación, pese a vivir en la sociedad de la información, la realidad es que el porcentaje de personas con obesidad en España, por ejemplo, no deja de crecer. La mala alimentación, patrocinada por los excesos de cadenas de comida rápida y alimentos precocinados, los ritmos desenfrenados y la falta de ejercicio físico, está arrastrando a las personas hacia unos hábitos de vida bastante peligrosos. Según ha publicado el Ministerio de sanidad, el 17% de los adultos mayores de 18 años padece esta enfermedad y, el 37% de ellos, ya está en sobrepeso. Hace 25 años, sin embargo, la cifra de personas obesas no alcanzaba ni el 7,5%. Como consecuencia directa, los casos de diabetes de tipo 2 no dejan de aumentar.

El consumo de tabaco, alcohol o drogas es cada vez mayor entre los jóvenes. Estos hábitos además de peligrosos por su relación con multitud de enfermedades respiratorias, neuronales y digestivas, y precursoras de todo tipo de cánceres, suponen un serio peligro para la salud coronaria. La nicotina, por ejemplo, produce daños irreparables en las paredes internas de las arterias que puede acabar afectando a la circulación y traducirse en arritmias y serias enfermedades cardiovasculares. Otro factor de riesgo es el colesterol. Controlarlo, cuidando la ingesta de carnes rojas por su alto contenido en grasas saturadas asociadas directamente al incremento de los niveles de colesterol malo, reduciendo su consumo al mínimo de una carne roja a la semana y complementando la alimentación con suplementos como los de MegaRed, avalados por la Fundación Española del Corazón, puede reducir drásticamente los riesgos de obstrucción sanguínea culpables de enfermedades como la hipertensión arterial relacionada directamente con la mortalidad cardiovascular.

Al final, consiste en recordar aquellas cosas que ya sabemos pero que a veces descuidamos mientras estamos sanos: eliminar de la dieta los alimentos procesados, tener especial cuidado con los alimentos de origen animal, reducir el consumo de alcohol a bebidas fermentadas como una copa de vino o una caña, no pasarse con la sal, disminuir la ingesta de azúcares añadidos y apostar por productos frescos como el pescado, las verduras, las frutas, los frutos secos o el aceite de oliva. Ahora bien, esto debe de ser complementario de una vida activa, donde el deporte forme parte de nuestra rutina diaria y dejando a un lado malos hábitos como el tabaco; y qué mejor momento que el Día Europeo de Prevención del Riesgo Cardiovascular para comenzar a cambiar todas aquellas rutinas negativas que afectan diariamente a la salud. Que lo mejor es no dejar para mañana lo que se puede dejar de hacer hoy.

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