«Estrés y ansiedad son dos conceptos íntimamente relacionados, pero la sociedad tiene tendencia a confundirlos». Provocar efectos negativos a nivel psicológico como físico, tanto para aquellos que sufren estrés como para quienes padecen ansiedad, lleva a confundir ambas afecciones, según argumenta Ana Sánchez Corbalán, psicóloga general sanitaria y terapeuta EMDR de Clínica Mentsalud. La experta, en todo caso, insiste en diferenciar ambos conceptos a partir de la base.

La duración como principal diferencia

A partir de la definición de cada afección, la diferencia principal entre estrés y ansiedad puede encontrarse en la temporalidad o duración de cada uno de estos conceptos. Así como el estrés aparece como «una respuesta fisiológica del cuerpo ante un estímulo o evento concreto, la ansiedad es una patología psicológica que, para diagnosticarse, tiene que mantenerse durante un tiempo», esgrime la psicóloga Ana Sánchez Corbalán.

La conclusión resulta simple: el estrés aparece puntualmente, ante una situación agobiante concreta que el ser humano puede sufrir en algún momento de su existencia, mientras que la ansiedad está «relacionada con patrones cognitivos disfuncionales», esto es, con un trastorno emocional que el afectado vincula con situaciones de peligro o amenaza que se producen con cierta regularidad.

«Podemos hablar de ansiedad cuando se desarrollan bucles en torno a pensamientos catastrofistas recurrentes», desarrollándose así como un patrón cognitivo que se mantiene en el tiempo: «Tenemos la sensación continua de que nada de lo que hacemos es suficiente para afrontar situaciones negativas, en las que, por ejemplo, nos sentimos evaluados», afirma la experta.

No obstante, «los efectos o consecuencias del estrés pueden aparecer incluso años después de los eventos estresores«, especialmente si estos se repiten, ya que la interacción entre el ser humano y el entorno que genera estas situaciones estresantes será generalmente constante a lo largo de la vida. Así lo afirman diversos teóricos de la materia (Cox, 1978; Folkman, 1984; Lazarus y Folkman, 1986; McGrath, 1970; Mechanic, 1976).

Ansiedad y estrés sí tienen síntomas comunes

La primera conclusión extraída a partir de las afirmaciones de Ana Isabel Sánchez es que existen tantas formas de manifestar el estrés o la ansiedad como tipos de personas hay en el mundo: «El síntoma principal en ambos casos es la sudoración excesiva en situaciones estresógenas», apostilla la experta.

Asimismo, se desarrollan otras afecciones desencadenadas que son comunes en ambos casos, en el momento en el que se manifiestan tanto el estrés como la ansiedad. «Problemas de sueño, tanto por defecto como por exceso; alternaciones en el apetito, lo que deriva en cambios corporales y que, a su vez, se pueden traducir en problemas de confianza y autoestima».

En todo caso, el pensamiento catastrofista, así como la citada sudoración en exceso, suele ser el denominador común, lo que en gran medida conduce a la confusión entre estrés y ansiedad: ‘Nada de lo que haga va a ser suficiente; no merece la pena; no soy capaz de afrontar este reto; o todos los demás lo hacen mucho mejor que yo’ son algunos de los conceptos que suelen repetirse en las mentes de los afectados por estrés o ansiedad.

Eso sí, es la actuación ante estas situaciones la que marca la gran diferenciación entre ambos problemas: «Una persona con ansiedad generaliza estos pensamientos tremendistas en muchas situaciones cotidianas», concluye Sánchez.

Tendencias psicológicas socialmente preocupantes

Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión será en el año 2030 la primera causa de discapacidad tanto en jóvenes como adultos. En la actualidad, solo en Europa una de cada seis personas se ve afectada por trastornos mentales (84 millones de personas), mientras que en España el 5 por ciento de la población padece depresión.

La relación con la temática de esta entrada se estrecha al conjugar los términos de ansiedad y depresión, ya que el primero puede desencadenar en el segundo. Aquellas personas que muestran rasgos ansiosos predisponen un aumento del problema que tiende hacia la depresión. La variable, en este caso con el estrés, guarda una relación moderada.

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