Las infecciones alimentarias son una preocupación de salud pública a nivel global, afectando a millones de personas cada año. Como nutricionista, la comprensión del papel que desempeñamos en la prevención y el manejo de estas infecciones es crucial. Es igualmente importante la educación sobre la importancia de la manipulación de los alimentos para proteger la salud de los individuos y las comunidades.

Las infecciones alimentarias se producen cuando los alimentos o bebidas se contaminan con bacterias, virus o parásitos. Los principales microorganismos culpables de estas afecciones suelen ser Escherichia coli, Salmonella, Campylobacter y Listeria monocytogenes. Estos patógenos pueden provocar una amplia variedad de síntomas, que pueden oscilar entre leves, graves y, en algunos casos, pueden llegar a ser mortales.

La nutrición desempeña un papel crucial tanto en la prevención como en el manejo de las infecciones alimentarias. Una dieta equilibrada y nutritiva puede fortalecer nuestro sistema inmunológico, ayudándonos a resistir la infección. Además, mantener un estilo de vida saludable, que incluya ejercicio regular y la limitación de la ingesta de alcohol y de tabaco, también puede aumentar nuestra resistencia a las infecciones.

Sin embargo, la nutrición es solo una parte de la ecuación. La correcta manipulación de los alimentos es esencial para prevenir la contaminación. Se debe educar a las personas sobre la importancia de lavarse las manos antes y después de manipular los alimentos, mantener limpios los utensilios y superficies de cocina y cocinar los alimentos a la temperatura adecuada. Además, almacenar los alimentos a las temperaturas correctas también es esencial para prevenir el crecimiento de patógenos.

¿Qué síntomas tienen las infecciones alimentarias?

Los síntomas y las implicaciones para la salud de una infección alimentaria pueden variar ampliamente dependiendo del patógeno específico involucrado, la cantidad de exposición al mismo y la salud general del individuo.

Los síntomas de una infección alimentaria comunes incluyen:

Malestar gastrointestinal: Los síntomas gastrointestinales son los más comunes y pueden incluir náuseas, vómitos, diarrea, calambres abdominales y pérdida del apetito.

Fiebre: En muchos casos, el cuerpo puede responder a la infección elevando la temperatura corporal para intentar eliminar el patógeno.

Fatiga y debilidad: Los individuos pueden sentirse cansados o debilitados debido a la pérdida de líquidos y nutrientes esenciales a causa de la diarrea o los vómitos.

En cuanto a la afectación para la salud, las infecciones alimentarias pueden variar desde leves hasta graves y, algunas, pueden ser potencialmente mortales. Algunas posibles complicaciones y efectos a largo plazo de las infecciones alimentarias graves pueden incluir:

Deshidratación: La deshidratación severa puede ocurrir a raíz de la diarrea y los vómitos constantes. Esta es una condición grave que puede requerir hospitalización y tratamiento inmediato.

Síndrome urémico hemolítico (SUH): Algunas cepas de E. coli pueden causar este síndrome grave, que puede llevar a la insuficiencia renal.

Listeriosis: Esta infección, causada por la bacteria Listeria, puede ser particularmente grave en mujeres embarazadas, pudiendo provocar parto prematuro, aborto espontáneo, o infección severa en el recién nacido.

Problemas neurológicos: Algunas infecciones alimentarias, como la causada por Campylobacter, pueden llevar a complicaciones neurológicas como el síndrome de Guillain-Barré.

Infecciones crónicas: Algunos patógenos alimentarios, como ciertos tipos de Salmonella, pueden causar infecciones crónicas en personas con sistemas inmunológicos debilitados.

¿Cómo prevenir las infecciones alimentarias?

La prevención de las infecciones alimentarias es una tarea multifacética que requiere conciencia tanto en el hogar como en los establecimientos de comida. Hay varias estrategias que pueden ser empleadas para minimizar el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos.

Lavado de manos: Es esencial lavarse las manos antes, durante y después de la preparación de alimentos, antes de comer, y después de usar el baño o cambiar pañales. El lavado de manos adecuado elimina los microorganismos que podrían causar enfermedades.

Limpieza de superficies y utensilios: Las superficies de trabajo, los utensilios y los platos deben limpiarse y desinfectarse regularmente. Es particularmente importante limpiar estos elementos después de preparar alimentos crudos como carne y aves, para prevenir la contaminación cruzada.

Almacenamiento y cocción adecuada de los alimentos: Los alimentos deben ser almacenados a las temperaturas adecuadas para evitar el crecimiento de bacterias. Los alimentos crudos y cocidos deben guardarse por separado para prevenir la contaminación cruzada. Cuando se cocinan los alimentos, deben alcanzar una temperatura interna segura para matar cualquier bacteria dañina.

Evitar alimentos potencialmente dañinos: Algunos alimentos son más propensos a contener patógenos que otros. Los alimentos crudos o mal cocidos, los productos lácteos no pasteurizados y el agua no potable pueden ser particularmente peligrosos.

Seguir las indicaciones de caducidad: Las fechas de caducidad en los alimentos son una guía útil para garantizar que solo se consuman alimentos frescos y seguros. No se deben consumir alimentos que estén más allá de su fecha de caducidad.

Hidratación y nutrición adecuada: Mantenerse bien hidratado y consumir una dieta equilibrada puede ayudar a fortalecer el sistema inmunológico, lo que puede reducir el riesgo de infecciones alimentarias.

La prevención es la clave en la lucha contra las infecciones alimentarias. Al conocer y seguir las prácticas correctas de manipulación de alimentos, podemos minimizar el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos.

Una sola infección alimentaria puede tener graves consecuencias, por lo que la prevención es una parte crucial de la salud y el bienestar en general. Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en la prevención de estas infecciones, desde el productor hasta el consumidor. La seguridad alimentaria es una responsabilidad compartida, y juntos podemos hacer una gran diferencia.

¿Qué hacer si tengo una infección alimentaria?

Además de las medidas de prevención, también es importante entender cómo manejar una infección alimentaria si se produce. Los nutricionistas pueden proporcionar asesoramiento sobre la dieta para gestionar los síntomas y promover la recuperación. Este consejo puede incluir comer alimentos blandos y fáciles de digerir, concretamente evitando ingestas ricas en grasas y/o fibra, además de evitar alimentos que puedan irritar el estómago, como el café, dulces o ultraprocesados.

Estas recomendaciones serían, sobre todo, en aquellos casos que se curse con diarrea o vómitos.

De esta forma, podremos seguir nutriendo al cuerpo e hidratandolo, algo que será fundamental para el curso de la afección y la posterior recuperación.

También es relevante mencionar el papel de los probióticos en la recuperación de las infecciones alimentarias. Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades adecuadas, pueden conferir beneficios para la salud. Pueden ayudar a restablecer el equilibrio de la microbiota intestinal después de una infección y pueden reducir la duración de los síntomas.

¿Cuáles son las poblaciones con mayor riesgo de sufrir una infección alimentaria?

Es importante destacar que algunas personas son más susceptibles a las infecciones alimentarias que otras. Los grupos de alto riesgo incluyen a los niños pequeños, los ancianos, las mujeres embarazadas y las personas con el sistema inmunológico debilitado.

Estos grupos de población son particularmente vulnerables a las infecciones alimentarias debido a una variedad de factores, que incluyen su estado de salud, la fortaleza de su sistema inmunológico y su capacidad para combatir las infecciones. Los siguientes son algunos de los grupos de personas más vulnerables:

Niños pequeños: Los niños, especialmente los menores de 5 años son más susceptibles a las infecciones alimentarias porque su sistema inmunológico aún se está desarrollando y puede no ser lo suficientemente fuerte para combatir las infecciones. Además, la deshidratación resultante de los vómitos y la diarrea puede ser especialmente peligrosa en los niños pequeños.

Ancianos: Las personas mayores de 65 años también son vulnerables debido a que su sistema inmunológico puede debilitarse con la edad. Además, pueden tener afecciones de salud crónicas que los hacen más susceptibles a las complicaciones de las infecciones alimentarias.

Personas con sistemas inmunológicos debilitados: Las personas con enfermedades que debilitan el sistema inmunológico, como el VIH/SIDA, el cáncer y la diabetes, son más susceptibles a las infecciones alimentarias. Lo mismo ocurre con las personas que están tomando medicamentos que suprimen el sistema inmunológico, como algunos medicamentos utilizados para prevenir el rechazo de los órganos trasplantados, por ejemplo.

Mujeres embarazadas: Durante el embarazo, los cambios en el metabolismo y en el sistema inmunológico hacen que las mujeres sean más susceptibles a las infecciones alimentarias. Además, ciertas infecciones alimentarias, como la listeriosis, pueden ser particularmente graves durante el embarazo, pudiendo provocar complicaciones como el parto prematuro, el aborto espontáneo y la infección grave del recién nacido.

Personas con enfermedades crónicas: Las personas con enfermedades crónicas del hígado, los problemas de ácido estomacal o las personas que han tenido cirugías de estómago pueden tener un mayor riesgo de infecciones alimentarias.

Para estas poblaciones, es especialmente importante seguir las prácticas de seguridad alimentaria, como lavarse las manos regularmente, cocinar los alimentos a la temperatura adecuada, evitar los alimentos crudos o mal cocidos y refrigerar los alimentos correctamente. También es importante que estas personas busquen atención médica rápidamente si sospechan que pueden tener una infección alimentaria.

En conclusión, las infecciones alimentarias son un problema significativo de salud pública, pero la educación y las intervenciones preventivas pueden jugar un papel clave en su reducción.

Los nutricionistas tenemos también la responsabilidad y la oportunidad de liderar en este ámbito, proporcionando la información y los recursos necesarios para mantener la seguridad alimentaria y promover una nutrición saludable.

La seguridad alimentaria no es solo responsabilidad de los profesionales de la salud y los productores de alimentos, sino de todos nosotros. Juntos, podemos hacer una diferencia significativa en la prevención y el manejo de las infecciones alimentarias.

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Experto

Dietista-Nutricionista Nº colegiado: MU00278

Dietista-Nutricionista

Experiencia laboral

Tras acabar el grado comencé a trabajar por cuenta propia con mi negocio, con el que llevo más de 3 años, y también paso consulta desde hace 2 años en una clínica. Son mis desempeños laborales actuales. Previamente he estado formándome laboralmente y/o con contratos de prácticas en el Hospital Universitario Reina Sofia y en el Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, en Murcia, y en el Hospital de Nens de Barcelona. Además, colaboro como redactor de artículos de nutrición en la revista más leída de habla hispana sobre entrenamiento de fuerza y Crossfit, Zona Wod. Durante el año 2019 fui presidente de ADINU Murcia (Asociación de Dietistas-Nutricionistas universitarios de la Región de Murcia)

Formación

Dietista-Nutricionista, especializado en nutrición deportiva, mujer deportista y salud. Soy graduado en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Murcia. Tras ello, realicé un Master en Nutrición y Metabolismo interuniversitario por la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona) y por la Universidad Autónoma de Barcelona. También cuento con formación especializada en Nutrición en la Mujer Deportista y en Antropometría (ISAK I). Hoy en día, compagino mi negocio de Nutrición junto con el Doctorado en el Departamento de Fisiología Humana en la Universidad de Murcia

Entrevistas, noticias o publicaciones de José Miguel Osete

He participado como comunicador oral en el XXI Congreso de la Sociedad Española de Nutrición (2022) y como ponente en el I Congreso de Jóvenes Investigadores e Investigadoras de Nutrición (2019) y en diversas Jornadas de Nutrición. En el año 2019, recibí una Beca de Colaboración del Ministerio mediante la cual participe en una línea de investigación en la Universidad de Barcelona.

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