La maternidad puede no ser tan idílica como la pintan. Ser madre esconde una realidad de la que nadie advierte y para la que no preparan. No pretendemos asustarte, pero hay otra cara de la moneda que no tiene porqué resultar positiva ni agradable. Si es tu caso, no te sientas mal por no experimentar esa plenitud de la que te hablaron. Y no te avergüences por pedir tanta ayuda como necesites. Recuerda que la paternidad es cosa de dos, y que tu pareja tiene tanta responsabilidad como tú. La adaptación a los cambios requiere tiempo y tú tienes que aprender a delegar en los demás para no perder tu identidad y poder dar lo mejor de ti a tu bebé.

Una explosión de sentimientos a flor de piel 

Por muchos libros que leas y madres, suegras y amigas que te den consejos, la maternidad es una revolución única que nunca se parece a lo que habías imaginado. Los niños no vienen con manual de instrucciones y cada mujer reacciona de una manera. De hecho, ni los hijos de la misma madre ofrecen la misma experiencia. En definitiva, la maternidad es un cóctel explosivo de amor, inseguridad, cansancio y protección tan excepcional como difícil de gestionar.

Todo comienza con el embarazo. Aunque muchas mujeres insisten en que solo hasta que tienes a tu bebé en brazos te conviertes en madre. Y otras tantas sitúan el inicio de la maternidad en el deseo de concebir, un largo y arduo camino para algunas. Especialmente para aquellas mujeres mayores de 35 años.

Una vez el bebé llega al mundo los padres pierden su independencia, al menos durante los primeros años de vida del bebé. Durante el proceso de adaptación, la madre tiene que hacer frente al postparto. En esta etapa, y por lo general, la mujer tiene que lidiar con:

1.- La alteración en el peso. Puede parecer superficial pero sentirnos bien con nosotras mismas hará que nos sintamos mejor con los demás. Tras el parto la figura se resiente y cuesta que volvamos a tener un peso saludable. Pero, tranquilas, que es cuestión de tiempo. Y de esfuerzo  también.

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2.-Los loquios son muy frecuentes. Se trata de una secreción vaginal compuesta por sangre, moco y restos del revestimiento uterino generado durante el embarazo. Según los expertos pueden durar hasta 6 semanas. Durante este tiempo la mayoría de las mujeres emplean ropa íntima específica, como las fajas postparto o bragas desechables. Para la higiene y protección frente a los loquios, te recomendamos los siguientes productos que te harán recuperar la confianza y seguridad:

3.- Contracciones tras el parto. Es posible que, en algunos casos, la recién estrenada mamá vuelva a sentir contracciones. Son los llamados entuertos, que tienen lugar entre 24 y 48 horas después del parto, aunque pueden prolongarse durante algunos días más. El útero está volviendo a su normalidad tras dar a luz, lo que se percibe en forma de contracciones.

4.- Cansancio elevado a la máxima potencia. En las primeras semanas después del parto, incluso meses, es normal que sientas un cansancio desconocido. Dormir poco, afrontar de golpe todas las responsabilidades y estar pendiente del bebé 24 horas pasa factura. De ahí el cansancio, del que en algún momento te lograrás recuperar. Para conseguirlo, intenta dormir cada vez que lo haga el bebé y aprovecha cada momento que tengas libre para descansar. A tu dolorido cuerpo se suman las cicatrices de la episiotomía o la cesárea. Si bien no inmediatamente después, a los tres días los tejidos saturados comienzan a cicatrizar, y lo normal es que la madre sienta molestias.

5.- La lactancia es un proceso que necesita tiempo y técnica. La lactancia materna es uno de los temas más controvertidos de la maternidad. Escucharás todo tipo de teorías, incluso te querrán imponer alguna. Pero debes sentirte libre de hacer lo que consideres mejor para ti y tu hijo. Si optas por dar pecho a tu bebé, debes tener en cuenta que podéis tardar un tiempo en acoplaros el uno al otro.

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6.- El riesgo de caer en la depresión postparto. Tras el parto las hormonas están revolucionadas y puedes pasar de la alegría a la tristeza, y viceversa, en un suspiro. Estos altibajos también son normales y no debes sentirte mal por experimentar todos los estados de ánimo en un breve periodo de tiempo. Ahora bien, si sufres un malestar generalizado y te estancas en ese desánimo no dudes en pedir ayuda profesional.

7.- La pareja tiene que redescubrirse. En este periodo de adaptación también es habitual que las discusiones de pareja se sucedan. Los recién estrenados padres pueden y deben tener puntos de vista diferentes sobre la crianza de sus hijos, cuestiones que hasta ahora estaban muy claras, pero que con la llegada del bebé se han planteado de otra manera y han roto los esquemas. Además, el cansancio no ayuda a afrontar las cosas con calma. En este proceso, la comunicación es la clave para alcanzar un entendimiento.

8.- La inseguridad es tu mejor amiga. Desde el momento en que el bebé llega al mundo, la madre pasa a un segundo plano. Todo gira en torno al pequeño. Este cambio de papeles, unido a que a ser madre se aprende con la práctica, hacen que crezcan miedos y obsesiones al mismo tiempo. Por eso, te sorprenderás más de una vez levantando para ver si el bebé sigue respirando. Te preocupará de manera exagerada que no esté comiendo bien, la consistencia de sus caquitas o el porqué de su llanto.

A grandes rasgos, estos son esos pequeños detalles que la mayoría de la gente olvida contar al referirse a la maternidad. Pero, probablemente será el amor más grande y la experiencia más gratificante, porque enseñarás a alguien a caminar por la vida y le otorgarás las herramientas para que sea el protagonista de su propio camino.

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