Sabemos que dormir (y descansar bien) constituye uno de los principales pilares de la salud física y mental del ser humano. Lo sabemos desde tiempos inmemoriales, cuando los primeros fisiólogos estudiosos del tema analizaban las nefastas consecuencias de no mantener una pauta de sueño adecuada.

Aún así, a día de hoy los problemas de insomnio y calidad del sueño siguen constituyendo un factor determinante a la hora de evaluar la salud de una persona, debido a la interferencia negativa que pueden generar tanto a nivel físico como mental. Importantes organismos como la Academia Americana de Medicina del Sueño señalan que el 95% de la población general ha podido sufrir problemas de sueño en algún momento de la vida. El insomnio es un trastorno cuya prevalencia puede alcanzar hasta el 15% de la población general.

Como sabemos, los problemas de sueño están directamente asociados a la aparición de otros trastornos como desequilibrios hormonales u homeostáticos, o trastornos psicopatológicos como la depresión y la ansiedad. Pero es inevitable preguntarse… ¿Por qué el sueño es tan importante para el ser humano? ¿Qué sucede en esta fase de nuestro día?

La función del sueño: La clave para comprender el cuerpo humano

Antes de nada, es necesario señalar un dato muy básico a la hora de hablar del sueño: No todas las personas necesitan dormir las mismas horas. Es un hecho que hay personas que se encuentran bien y funcionan plenamente durmiendo pocas horas (o lo que otras personas calificarían como “pocas horas”), de la misma manera que hay personas que se levantan con gran apetito por la mañana, frente a otras que no tienen hambre al despertar y pasan varias horas hasta que ingieren algún alimento.

No obstante, lo que sí constituye una verdad universal es que el ser humano necesita dormir y tener sensación de descanso pleno. Cuando diagnosticamos problemas de sueño en consulta a menudo nos basamos en la sensación de descanso de la persona al despertar, aunque aparentemente haya invertido menos horas de sueño de lo que creemos que debería. Igualmente, también observamos si la falta de sueño o los patrones inadecuados son factores desencadenantes de otros problemas subyacentes u otras disfuncionalidades del día a día. Un buen ejemplo de esto es el estudiante que no descansa el tiempo que su cuerpo necesita, promoviendo así dificultades para mantener la concentración y la atención. Incluso algunas enfermedades orgánicas están relacionadas con los problemas de sueño según numerosos estudios, como es el caso de la diabetes, algunos tipos de infecciones o enfermedades del corazón.

Se ha utilizado la privación del sueño como elemento central en muchos estudios, constatando que a partir del tercer día sin dormir hay un riesgo mortal para la persona. El cerebro humano necesita de ese reseteo para poder funcionar adecuadamente, llegando a colapsar gravemente en caso de que la persona se mantenga despierta durante demasiado tiempo.

Pero… si tengo problemas para dormir, ¿Qué puedo hacer al respecto?

Llegados a este punto es fácil comprender que las consecuencias del insomnio pueden ser potencialmente peligrosas para el ser humano. No obstante, sabemos que muchas personas siguen sufriendo de este problema sin encontrar una solución definitiva al respecto.

Y es que, como ocurre casi con la mayoría de trastornos, cada caso de insomnio es único y debe ser tratado desde una perspectiva lo más individualizada posible. Por supuesto, si el problema de insomnio persiste durante varios días debemos consultar con nuestro médico de cabecera, que podrá llevar a cabo análisis exhaustivos para descartar posibles causas orgánicas que estén provocando una falta de sueño.

Una vez descartadas, tendremos que elaborar un estudio en profundidad de las circunstancias particulares de la persona, de cara a ofrecer las mejores pautas de higiene del sueño, si bien en el artículo de hoy os dejamos algunas recomendaciones interesantes que podéis poner en práctica:

  • Utilizar la meditación, el yoga, los ejercicios de respiración o el Mindfulness como forma de abstraerse de las preocupaciones del día a día, al menos una o dos horas antes de acostarse.
  • Mantener siempre la misma franja horaria para irse a dormir y levantarse por la mañana (que no haya variaciones de más de media hora).
  • Evitar comidas copiosas, bebidas alcohólicas y estimulantes varias horas antes de ir a dormir. Optar por cenas más frugales y por tomar bebidas suaves (incluso sin gas). Ten en cuenta que el chocolate y el resto de dulces pueden tener un efecto activante a nivel fisiológico, dada la presencia de grandes cantidades de azúcar.
  • Evitar la siesta o, al menos, no dormirla durante más de 20 minutos.
  • Atender a las condiciones en las que se encuentra el dormitorio antes de ir a dormir: ver si hay luz, ruido u olores que puedan perturbar de alguna manera nuestro sueño.
  • Utilizar productos naturales, como infusiones o comprimidos con melatonina que ayuden a favorecer la secreción de esta hormona tan importante para la calidad del sueño.
  • Evitar tener discusiones o disparos emocionales de cualquier tipo al menos dos horas antes de ir a dormir.
  • Atiende a la ropa que utilizas para dormir. ¿Te aprieta? ¿Te resulta incómoda? ¿Pasas frío o calor? Si alguna de las respuestas es sí, prueba a utilizar otra ropa que se ajuste más a lo que necesitas.
  • Lee antes de ir a dormir. Si utilizas dispositivos electrónicos evita la pantalla de luz azul (móviles, ordenadores o tablets) y opta por un e-reader con tinta electrónica.
  • Evita la luz azul de las pantallas al menos una hora antes de irte a dormir. La luz azul que emiten estos dispositivos inhibe la producción de la hormona melatonina que, como mencionábamos antes, favorece la inducción al sueño.

Por supuesto, todas estas recomendaciones son generales y no siempre aplicables a cada caso particular. Consulta con tu médico para determinar cómo es tu caso en concreto y discernir si algún tipo de medicación podría ayudarte con el problema del sueño.