¿Sabes relajarte o desconectar del estrés diario?

Nuestro día a día suele ser estresante, no lo vamos a negar. La exigencia implícita en el hecho de ser una “persona funcional” y llegar a todo con buenos resultados: estudios, trabajo, familia, pareja, hijos, deporte, alimentación sana y equilibrada, autocuidado, mantenimiento del hogar, amistades… son sólo algunas de las obligaciones y tareas de nuestro día a día, y a menudo experimentamos la sensación de no llegar a tiempo para hacerlo todo, infiriendo en muchas ocasiones que es culpa nuestra, ya que “si otros pueden, yo también debería poder hacerlo”.

La realidad a la que nos enfrentamos es que los días solo tienen 24 horas y no tiene sentido plantear rutinas irreales que solo consiguen frustrar nuestras expectativas. Cuando esto sucede (y sucede más de lo que estamos dispuestos a reconocer), el estrés aparece y viene para quedarse hasta que aprendamos a gestionar nuestro tiempo de una forma más saludable y equilibrada.

A veces, por exigencias del día a día, también nos sometemos a cambios que implican una mayor sobrecarga diaria y desembocan en periodos de estrés más elevado, si bien sabemos que estos periodos son temporales y en algún momento finalizarán. Es el caso de aquellas personas que están trabajando y estudiando al mismo tiempo, dedicando la mayor parte de las horas de su día a día a estas obligaciones y contando con pocos momentos de desconexión y relajación. Podemos convencernos de que el estrés pasará cuando la situación se reestablezca, pero esto no será del todo así si no aprendemos a gestionar situaciones de sobrecarga in situ, sin esperar necesariamente a que la situación termine por sí misma. Esto se debe al efecto acumulativo del estrés: pequeñas situaciones cotidianas que generan malestar emocional o cierta sobrecarga que son reiterativas o no se gestionan de la forma adecuada y acaban desembocando en estrés crónico.

¿Qué hace el estrés en nuestro cuerpo y mente?

El estrés tiene múltiples efectos a nivel mental y corporal. De hecho, es bastante más común de lo que imaginamos acudir al médico por alguna dolencia física cuyo origen es psicógeno, a menudo relacionado con el estrés acumulativo. Algunos efectos directos o indirectos del estrés en el cuerpo son los siguientes:

· Tensión muscular, dolor corporal y mandíbula rígida (relacionado con la aparición del bruxismo).
· Trastornos gastrointestinales, diarrea, estreñimiento.
· Trastornos del sueño, insomnio, pesadillas, sensación de descanso insuficiente.
· Cefaleas tensionales y migrañas.
· Mayor riesgo de sufrir enfermedades como hipertensión arterial, diabetes, obesidad, insuficiencia cardíaca, entre otras.
· Mayor dificultad en la quema y pérdida de grasa.
· Problemas sexuales (falta de libido, anorgasmia).
· Mayor riesgo de desarrollar trastornos emocionales como la depresión, trastornos de ansiedad o, incluso, uso y abuso de sustancias.
· Problemas cognitivos (empeoramiento en memoria, atención, velocidad de procesamiento, etc).

Recomendaciones para paliar el estrés diario y aprender a relajarnos

Probablemente suene a tópico pero es cierto que una de las mejores recomendaciones siempre será la práctica habitual de ejercicio físico. Sabemos que a veces puede parecer difícil introducir el deporte en nuestro día a día, debido a lo encorsetado de nuestras rutinas cotidianas. Por eso, al inicio de este artículo hacíamos mención a esas rutinas irreales y poco saludables que no dejan espacio ni para un pequeño momento de autocuidado. Si este es tu caso y por eso la idea de introducir ejercicio físico diario te parece insostenible, quizá debas empezar revisando tus tareas diarias y haciendo una reestructuración que sí te lo permita. La práctica de ejercicio físico moderado está relacionada con multitud de beneficios físicos y psicológicos, la mayoría de los cuáles luchan en contra de los efectos negativos del estrés. Quizá pueda parecer difícil, pero a veces es cuestión de priorizarse a uno mismo y apostar por el bienestar y las rutinas saludables.

También es importante mantener unos horarios de descanso y alimentación estables y bien estructurados. La irregularidad en nuestras rutinas ya es un factor estresante por sí mismo. Es importante evitar el consumo de alcohol y sustancias, ya que tanto los propios efectos del consumo, como los efectos posteriores, generan en el cuerpo reacciones similares a las del estrés. Otro factor a tener en cuenta para paliar el estrés es aprender a identificar situaciones potencialmente estresantes, para desarrollar estrategias y herramientas específicas para enfrentar esas situaciones. Los ejercicios de respiración controlada, un baño de agua caliente al final del día con música relajante, olvidarnos del teléfono móvil cuando estemos buscando relajarnos, entre otras pequeñas actividades, pueden ayudarnos a desconectar del estrés para reconectar con nuestro cuerpo y nuestras necesidades.

Otros ejercicios, como la meditación, pueden ayudarnos a calmar la vorágine mental y adoptar nuevas perspectivas en nuestro día a día. Hans Selye, famoso fisiólogo que desarrolló la teoría del Síndrome general de adaptación, decía que “no es el estrés lo que nos mata, sino nuestra reacción ante él”, y tenía razón. Llegados a este punto, el trabajo personal es imprescindible para mejorar nuestra adaptación al estrés y promover hábitos de vida enfocados a paliar sus efectos y las interpretaciones catastrofistas. A veces experimentamos estrés por pura anticipación, lo que muchas personas utilizan para ponerse en la peor de las situaciones y así sentirse más preparadas en caso de que ese escenario se haga realidad. Lo cierto es que la anticipación catastrofista solo nos sirve para experimentar sufrimiento mucho antes de que la situación negativa se dé (si es que llega a darse en algún momento) y no nos evita el sufrimiento de ese escenario. No obstante, durante la anticipación experimentamos signos corporales y mentales similares a los que sufriríamos en esa situación negativa, inoculando al cuerpo un estrés anticipado que no tiene ningún sentido.

Hablar de trabajo personal implica trabajarse a uno mismo desde el plano psicológico y el reconocimiento de nuestros propios procesos. Es necesario darle exactamente la misma importancia a nuestra salud mental que la que le damos a la física. Si cuando tienes un dolor de barriga consultas con un médico, ¿por qué no consultar con un especialista en salud mental cuando hay algo que no se está gestionando de la manera adecuada?