Muchas leyendas y fábulas han girado en torno al glutamato monosódico, ese ingrediente tan característico que se puede encontrar hoy en día en muchos de los productos más comunes ofrecidos en los supermercados y que, seguramente, ni si quiera lo sabías: salsas, cremas, sopas de sobre, pastillas de caldo o aperitivos salados. Si alguna vez habéis oído hablar del sabor umami como el quinto sabor en el mundo, de él tenéis que saber algunas cosas bastante curiosas. La primera de ella, que más o menos se puede intuir, es que proviene del japonés y que dicha palabra significa para ellos algo así como “sabroso”. Su historia se remonta a 1908, cuando el bioquímico de la Universidad de Tokio Kikunae Ikeda quiso reproducir uno de los sabores especiados más típicos de la cocina asiática propios del alga kombu, aislando el glutamato y añadiéndole el sodio de la sal. Sin embargo, habría que esperar hasta los años 80 para que fuera reconocido como un nuevo sabor identificable por el paladar humano.

Años más tarde se comercializó bajo el nombre de Aji-no-moto que, de nuevo, tiene su razón de ser en el idioma japonés, y que viene a significar que se trata de un potenciador sabor característico de la cocina asiática y de los alimentos procesados nacido a través de un proceso químico. Ahora bien, lo que resulta interesante analizar aquí es cuan bueno o malo resulta para nuestro organismo. Muchas historias y alarmas han surgido de esta sustancia tan característica actualmente de nuestra dieta diaria. A ella se le atribuyen problemas de salud relacionadas con el denominado “síndrome del restaurante chino”, el cual viene acompañado de dolores torácicos, enrojecimiento, dolor de cabeza, ardor en la boca, hinchazón facial y sudoración. Si bien no se ha podido relacionar directamente al glutamato monosódico con estos síntomas, por lo que hoy en día se sigue tratando de un elemento aceptado y admitido por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, quien lo ha calificado de aditivo seguro, no por ello ha estado y sigue estando exento de polémica, relacionándolo incluso como un sabor que genera adicción entre los consumidores.

El problema, sin embargo, según la Fundación Alimentación Saludable, no está relacionado directamente con la adicción, sino que el glutamato monosódico, pues al tratarse de un poderoso potenciador de sabor, hace que los alimentos sepan mucho mejor, lo que aumenta drásticamente las ganas de seguir comiéndolos y consumiéndolos, favoreciendo así que esta conducta alimenticia negativa se vuelva a repetir una y otra vez. A él se le relaciona directamente con gran parte de la comida basura que comemos cada día y que está presente en hamburgueserías, en pizzería o en todo tipo de comidas que se pueden encontrar en los restaurantes chinos. No se trata tanto del aditivo en sí, como de su relación directa con los malos hábitos alimenticios de la sociedad actual que busca este tipo de comidas por el placer alimenticio que les supone. Por tanto, que se haya considerado como un aditivo seguro no quiere decir que sea saludable, sobre todo por las comidas a las que suele acompañar su presencia.

El consumo excesivo de alimentos procesados y el hábito desmedido por la asistencia a este tipo de restaurantes de comida rápida nos está alejando drásticamente del consumo de productos saludables y alimentos orgánicos que contribuyen a la buena salud y bienestar del cuerpo, favoreciendo el correcto funcionamiento del organismo gracias a aporte equilibrado de vitaminas, minerales y nutrientes. También parte de culpa la tienen los ritmos de vida actuales. El trabajo ocupa gran parte de nuestro tiempo diario, lo que hace cada vez más y más difícil aislarse completamente del consumo de alimentos precocinados y otros productos procesados. Simplemente hay que controlar y reducir al mínimo la asistencia a este tipo de restaurantes, siendo siempre conscientes de los peligros alimenticios que supone el consumo excesivo de este tipo de alimentos. Pero, por ahora y mientras no se demuestre lo contrario, podemos seguir yendo al chino tranquilamente a por un buen pollo con almendras.