La llegada de un bebé al mundo es motivo de una inmensa felicidad hasta ahora desconocida. Es por ello que intentamos protegerlos de absolutamente todo desde su nacimiento. Completamente normal. Es posible que te preguntes de qué forma puedes ir construyendo en tu bebé un sistema de defensas que le permita actuar de barrera.

Así puedes favorecer el sistema inmunológico de tu bebé

Para favorecer que su sistema inmune se encuentre en perfectas condiciones, empecemos por el principio: Su nacimiento. Y es que, según algunos expertos, cuando el nacimiento se produce por el canal materno nacen impregnados de bacterias que provienen de este mismo canal. Aquellos bebés nacidos de un parto vaginal se asocian con un menor riesgo de enfermedades inmunológicas y metabólicas. Esto es porque se exponen a estos microbios.

Tras su nacimiento, puedes continuar favoreciendo su sistema de defensas mediante su alimentación. Está recomendado alimentar al bebé a través de la lactancia materna. Esto siempre que sea posible. Entre los beneficios que conlleva, encontramos: su protección frente a infecciones. Según estudios se reduce la posibilidad de que le bebé padezca de infecciones de oído, vómitos, diarrea, neumonía, infección de las vías urinarias, entre otros.

Te interesará conocer que la presencia de mascotas en casa como gatos o perros también supone una contribución a su sistema inmunológico. Algo sorprendente cuando muchas familias optan por abandonar a una fiel mascota de casa cuando llega el bebé, por miedo a que el pequeño enferme. Todo lo contrario. La diversidad de microorganismo conlleva un fortalecimiento del sistema de defensas del bebé. Si tu bebé convive con mascotas, está mejor preparado para hacer frente a amenazas, como constipados.

¿Qué es la teoría de la higiene excesiva?

Cuando revimos la llegada de nuestro bebé tendemos a limpiar de forma descontrolada el entorno en el que va a vivir. Pues bien, según diversos estudios esta limpieza desbordante del hogar del bebé, no sería del todo favorable para reforzar su sistema inmunológico. Es decir, un entorno aséptico podría retrasar la madurez de su sistema de defensas, ante la falta de estímulos infecciosos o microbianos.

En un futuro el niño al crecer es posible que cuente con problemas de alergias u otras enfermedades. Estas estarían relacionadas con un sistema inmune debilitado originado en un entorno de limpieza absoluto.

Esto se produce cuando se evita que el niño entre en contacto con bacterias que se encuentran en el entorno de manera habitual, y las cuales suelen ser inofensivas. Si el niño jamás se enfrenta a estas bacterias, su sistema inmune no se entrena y no reacciona posteriormente de forma agresiva ante factores que no son severos.

Alimentación orientada al refuerzo de su sistema

Existen una serie de alimentos dedicados al refuerzo del sistema de defensas en nuestro bebé. Estos alimentos contienen propiedades y micronutrientes que contribuyen a reforzar sus defensas. Empieza por observar las frutas que le das. Piensa que tanto las frutas como las verduras que son ricas en vitamina C son ideales.

Algunas de estas son: el kiwi, la naranja, el limón, la mandarina y el pomelo. En cuanto a las verduras, cuentas con la coliflor, el pimiento rojo, el brócoli, las acelgas o las espinacas, con un alto grado de esta valiosa vitamina C.

Ten en cuenta, además, que la dieta de tu bebé siempre debe estar supervisada y controlada por su pediatra, ya que en función de los meses que vaya cumpliendo se deben de introducir nuevos alimentos.

Evitar siempre el uso innecesario de antibióticos

Todos coincidimos en la función indispensable de los antibióticos en la reducción de la mortalidad infantil. Sin embargo, su uso indiscriminado sobre los bebés no debe producirse, bajo ninguna circunstancia. ¿Por qué?

El abuso del antibiótico ejerce una consecuencia directa sobre las bacterias. Estas se van acostumbrando cada vez más a los antibióticos, lo que origina claramente problemas para tratar enfermedades. ¿Cómo podemos evitarlo? Siento estrictamente cautelosos con el uso de los antibióticos. Ante todo, no se deben administrar sin la prescripción previa del pediatra.

No olvidemos la potencia de estos medicamentos, debiéndose usar con la dosis correcta durante el tiempo indicado. Además, se han abierto otras líneas de investigación en las que se expone que el uso de antibiótico, no solo trata las enfermedades, sino que produce un trastorno frente a los virus. Esto afecta directamente sobre nuestro sistema de defensas y cómo actúan sobre los virus. Por ello, es especialmente importante que sigamos siempre las indicaciones de nuestro especialista médico, en este caso, nuestro pediatra.

 

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