Todo lo que necesitas saber sobre el colesterol y cómo tratarlo

El colesterol es una grasa esencial para la vida y, a su vez, está catalogado como un componente perjudicial para la salud - Conoce todo lo que necesitas saber sobre esta sustancia gracias a esta guía sencilla que explica cómo mantener unos niveles saludables en el organismo

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Conocido y catalogado como enemigo silencioso del ser humano, el colesterol es una sustancia esencial para la vida que, en los últimos años, ha sido clasificado como un componente perjudicial para la salud. Pero la realidad es distinta, porque para saber qué función o qué peligro entraña el colesterol en el organismo, es importante establecer multitud de diferenciaciones y saber qué factores se tienen en cuenta en torno a una sustancia sobre la que, cada día, se posee más información.

Entender bien qué es el colesterol HDL, conocido coloquialmente como el colesterol bueno; y el colesterol LDL, el perjudicial y peligroso para la salud, debe ser la base sobre la que partir, así como comprender por qué existen dos tipos. Y, por supuesto, debemos saber qué es y qué función tiene el colesterol en nuestro cuerpo.

Para ello, el cardiólogo José Abellán, especializado en Hemodinámica y Cardiología Intervencionista y que ejerce como tal en el Hospital General Universitario Santa Lucía de Cartagena, desglosa en esta guía todo lo que se necesita saber sobre esta sustancia.

¿Qué es el colesterol?

El colesterol es un tipo de grasa que, al fin y al cabo, resulta esencial para la vida, tanto para el ser humano como para otros mamíferos. Es un tipo de lípido fundamental para la formación de hormonas o algunas vitaminas, de las membranas de las células o de las sales biliares, las cuáles contribuyen en la absorción de las grasas en el organismo.

Es importante saber que el propio cuerpo humano fabrica colesterol, y que otro porcentaje se ingiere a través de la alimentación. La cuestión parece obvia. ¿Cómo algo que nuestro cuerpo fabrica y necesita puede ser perjudicial?

Científicamente se conoce que, cuando un nivel de colesterol está patológicamente elevado o es un colesterol de una mala calidad, se asocia a una lesión en las arterias llamada placa de ateroma, o más coloquialmente, placa de colesterol. Todo indica que un nivel de colesterol bajo, en comparación con tenerlo alto, reduce la probabilidad de generar estas placas en las arterias.

Colesterol bueno (HDL) y malo (LDL): ¿Cuál es la diferencia?

Se debe partir de la base de que no todo el colesterol que existe en el cuerpo es igual. De hecho, de habitualmente se habla del colesterol de una manera muy simplificada. Esta sustancia viaja por el cuerpo gracias a unos transportadores, las lipoproteínas, de las cuales existen varios tipos.

  • Lipoproteínas de alta densidad (HDL): no se asocian con la creación de placas de colesterol. Diversos estudios argumentan que pueden ejercer un papel protector en la enfermedad cardiovascular. Su función es transportar el colesterol de las arterias, tejidos y órganos de vuelta al hígado para su eliminación.
  • Lipoproteínas de baja densidad (LDL): Su función es transportar el colesterol desde el hígado hasta los órganos y tejidos. Si su nivel en el organismo es elevado, existe un mayor riesgo de presentar placas de ateroma. El colesterol se adhiere a las arterias sin que se proceda a su excreción.

Tras aclarar esta diferenciación, lo realmente importante es saber qué aspectos del estilo de vida se asocian a tener un nivel elevado de lipoproteínas LDL o colesterol malo; un nivel bajo de lipoproteínas HDL o colesterol bueno, y también si la calidad en general del colesterol es adecuada.

Científicamente, está demostrado que son estas tres variables, y no el colesterol en general, las que se asocian a crear placas de colesterol. De tal manera, si se cumplen las premisas anteriores, podrá entenderse por qué se crean problemas en las arterias, incluidas las del corazón. Y que el concepto de tener problemas de colesterol es el causante fundamental de la principal causa de muerte en los países desarrollados: la causada por infarto.

Colesterol y triglicéridos: ¿Qué relación mantienen?

Del mismo modo, los triglicéridos también son una sustancia grasa del organismo que también juega un papel crucial en el organismo. Si bien el colesterol es parte vital en la formación de células u hormonas, el triglicérido se encarga de otorgar energía al cuerpo a partir de las calorías ingeridas.

Su relación es estrecha, ya que el nivel de triglicéridos puede ser también indicativo de la calidad del propio colesterol. Del mismo modo, la analítica de sangre reflejará que el nivel de las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), que transportan principalmente triglicéridos, también será alto. Y el VLDL también ha sido relacionado con la aparición de placas de ateroma en las paredes arteriales, limitando el paso del flujo sanguíneo.

Existen también indicadores indirectos de la calidad del colesterol, y no solo de medición de sus niveles. Existen los llamados índices aterogénicos, que pueden obtenerse a partir de todos los niveles o variables anteriores. Estos índices delatan una mala calidad del colesterol. Por ello, si el índice aterogénico es patológico, podrá detectarse esta mala calidad. Un ejemplo: si se divide el número de triglicéridos por el nivel de colesterol HDL, y el valor resultante es superior a 2,5, indicará que no solo el nivel del colesterol, sino también su calidad, son malos.

¿Por qué es importante la calidad del colesterol?

Es aquí cuando entra en juego el factor puramente humano. El comportamiento o estilo de vida que se predica marca la diferencia en lo que a la calidad del colesterol se refiere. Con ello, una persona que sufre hipertensión, obesidad o es sedentaria tendrá una peor calidad en lo relativo a su colesterol que otra que tenga hábitos de vida saludables.

Esta mala calidad refleja, frecuentemente, que los transportadores de colesterol, esto es, las lipoproteínas, están glicados u oxidados. Este problema conduce a que el hígado, el órgano encargado de renovar el colesterol, no pueda reciclar estas lipoproteínas con garantía. Y si el hígado no cumple con su cometido, el colesterol malo, el LDL, se mantendrá en el organismo, circulando a través del torrente sanguíneo. ¿Y dónde podrá depositarse? En las arterias.

Muchos estudios sostienen que un nivel elevado de lipoproteínas LDL (colesterol malo) se asocia a más enfermedades cardiovasculares. Pero también existen otras investigaciones, de momento con un menor nivel de evidencia detrás, que sugieren que tener lipoproteínas LDL glicadas u oxidadas también se asocia a un riesgo mayor de sufrir una enfermedad cardiovascular.

¿Cómo mejorar nuestro perfil de colesterol?

Es uno de los grandes interrogantes de la medicina actual, sobre el cual se suceden cambios y posicionamientos distintos tanto en el área de la cardiología como en el ámbito médico del abordaje del riesgo cardiovascular.

Hasta hace pocos años, el diagnóstico sobre la hipercolesterolemia se establecía a partir de los niveles. Si estos estaban alterados, se recomendaba un cambio en el estilo de vida y se valoraba la necesidad de fármacos para compensarlos y reducirlos.

Obviamente, el fármaco es la solución cuando el problema entraña riesgos importantes para la salud. En la actualidad, la valoración del perfil lipídico no se centra solo en los niveles, sino que los especialistas han de realizar una valoración de todo el riesgo cardiovascular que presenta un paciente. Este cambio se centra en el análisis de diversas tendencias:

  • La presión arterial.
  • Edad.
  • Sexo.
  • Hábito tabáquico.
  • Colesterol no-HDL.

En función de estos parámetros, sabremos si se ha de ser más o menos incisivo en el control y manejo terapéutico del colesterol de un paciente en particular. El especialista, entonces, podrá indicar un cambio en el estilo de vida y/o necesidad de tratamiento farmacológico.

A este respecto, cada vez tenemos más evidencia de que el estilo de vida es mucho más que consumir poca grasa o hacer ejercicio. Los factores asociados a hábitos de vida que pueden empeorar el perfil lipídico son:

  • Ausencia de actividad física de manera regular.
  • Una alimentación en la que abundan azúcares o productos procesados.
  • Dormir poco.
  • Sufrir estrés crónico.
  • Padecer diabetes o hipertensión.

Esta inflamación podría considerarse como un caldo de cultivo para crear una disfunción en las arterias: la disfunción endotelial o problemas en el endotelio, parte interna de las arterias, que es la que está en contacto con la sangre. Esta inflamación de bajo grado es la lesión o factor común que poseen todas las enfermedades relacionadas con las placas de colesterol, provocando que la arteria sea más inestable. Incluso pueden llegar a romperse, dando lugar entonces a un trombo o a un infarto.

El colesterol es, simplemente, una expresión más de todo el riesgo cardiovascular que una persona con un mal estilo de vida puede tener.

Hábitos de vida saludable para bajar el colesterol

La manera más eficaz de reducir el nivel de colesterol, mantenerlo en baremos adecuados, y optimizar su calidad, pasa por tener un estilo de vida saludable. Es fundamental entender que el concepto de estilo de vida saludable es muy amplio, que se basa en pilares como el ejercicio físico, la alimentación, el descanso, el entorno que nos rodea, el estrés…

Todo ello en su conjunto, influye en una serie de sistemas del organismo que pueden optimizar la salud, o empeorarla. Por supuesto que el riesgo de sufrir un evento nunca podrá desaparecer, pero a partir de los datos y estudios realizados hasta la fecha, sí que sabemos que la probabilidad de aparición de enfermedad puede disminuir, o aumentar considerablemente en función de nuestros hábitos.

Ejercicio físico

El ejercicio físico es fundamental para tener una buena salud cardiovascular. Actualmente existe una corriente que concreta que caminar no es suficiente, y podría ser acertada. Pero las personas que caminan, frente a aquellas que no lo hacen, tienen una esperanza de vida mayor. Y esta esperanza es mayor cuanto más ejercicio se practica, ya que se sabe que, cuanto más ejercicio se realiza, mayor será la protección cardiovascular. Y esto sucede por diversos motivos.

  1. El cuerpo está hecho para utilizar sus músculos de manera regular.
  2. El ejercicio proporciona una mejor composición corporal.
  3. Realizar ejercicio regularmente disminuye o mantiene el porcentaje graso en un volumen que es saludable.
  4. Aumenta o mantiene el porcentaje muscular en un nivel óptimo.

El músculo ha sido considerado siempre como un órgano ‘tonto’, cuya única función es, al contraerse, la de movilizar las articulaciones. Pero el músculo esconde, realmente, cualidades a resaltar.

  • Es autocrino, ya que que libera hormonas que le sirven para crecer, para crecer, depurarse o fortalecerse.
  • Es paracrino, porque afecta a las articulaciones, tendones o huesos que se encuentran a su lado, y diversas investigaciones afirman que tener mayor cantidad de músculo es bueno para los huesos. Por ejemplo, la osteoporosis que se ha asociado siempre a cualquier mujer mayor se achacaba a la falta de calcio. Hoy sabemos que se debe principalmente a la ausencia de práctica de ejercicio a lo largo de su vida.
  • También es un órgano endocrino, que libera hormonas que son, por ejemplo, sensibilizantes a la insulina; o antiinflamatorias, que hacen efecto a distancia en otros órganos o músculos.

Por todos estos factores fisiológicos y estructurales, hacer ejercicio de manera regular ayuda a mantener una composición corporal óptima, con músculos grandes y fuertes y un porcentaje graso bajo.

Alimentación

Una alimentación rica en fibra, con productos vegetales, frutas y legumbres, lo que se conoce como una alimentación basada en plantas, cardiovascularmente va a beneficiar al organismo a la hora de reducir los niveles de colesterol LDL.

¿Cómo afectan los componentes del tabaco al corazón?

El tabaco contiene cientos de sustancias que son nocivas para la salud, aunque solo se han estudiado en profundidad unas pocas. No obstante, se sabe a ciencia cierta cuáles son las principales para sustentar por qué el tabaco es malo es perjudicial:

  • Monóxido de carbono. Disminuye la capacidad de transporte de oxígeno por todo el organismo. En el cuerpo existe un transportador de oxígeno que es la hemoglobina, la cual tiene más afinidad por el monóxido de carbono que por el oxígeno, que es lo que debe transportar. Al fumar, el monóxido de carbono se ancla a la hemoglobina y no puede transportar el oxígeno de una manera óptima.
  • Radicales libres. Dañan directamente el endotelio, la pared más interna de las arterias. Crean una lesión inflamatoria que, con el tiempo, puede causar placas de colesterol.
  • Nicotina. Es la sustancia más adictiva del tabaco. Aumenta la frecuencia a la que el corazón late, así como su fuerza de contracción. Tiene un resultado similar a lo que sería un aumento del sistema nervioso simpático, ya que provoca que el corazón tenga más demanda de oxígeno y necesidad de un mayor caudal de nutrientes, ya que late más rápido y más fuerte.

En resumen, la combinación de estas sustancias hace que se desarrollen placas de colesterol; así como la posibilidad de sufrir infarto; o angina al facilitar la isquemia, que es una dificultad para el adecuado flujo de sangre hacia el corazón.

¿Cada cuánto tiempo hay que hacer una analítica de sangre?

La realidad es que no hay una respuesta clara a esta pregunta. Si la persona en cuestión tiene un estilo de vida óptimo, hace ejercicio y se mantiene sana, deberá hacerse una analítica de sangre en algún momento de su vida adulta, ya que probablemente no tendrá que repetírsela hasta pasados unos años.

En cambio, si nos encontramos ante un paciente con un estilo de vida mejorable o que posee algún factor de riesgo de muerte, la analítica de sangre ayudará a controlar dichos factores, más aún si no se corrigen, como suele ser habitual. En esos casos, lo recomendado es que como mucho, cada dos años, se valoren estas determinaciones.

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